El criterio en UX, una disciplina basada en decisiones

criterio profesional en UX

El criterio en UX, una disciplina basada en decisiones

El criterio profesional

 

criterio profesional en UX

La tarea práctica de UX se desarrolla en el marco de un proceso constante de toma de decisiones sobre problemas de interacción entre usuarios y sistemas. Esas decisiones se fundan en conocimiento, experiencia, formación y juicio profesional.

En UX, el criterio profesional puede entenderse como la capacidad para comprender una situación concreta, integrar los conocimientos pertinentes, considerar las alternativas posibles y decidir qué solución resulta adecuada al problema, al contexto y al fin de la experiencia que se quiere diseñar.

Dado que los problemas de experiencia de usuario involucran simultáneamente personas, sistemas, lenguaje, tecnología, organizaciones y contextos de uso, es muy difícil que puedan comprenderse desde una única perspectiva. La integración de disciplinas es un componente esencial del criterio UX, donde cada una aporta una forma particular de observar el problema. El criterio profesional se construye precisamente en esa capacidad de integrar perspectivas sin confundirlas, a fin de comprender un problema en sus causas y relaciones y alcanzar una comprensión coherente del conjunto.

La experiencia profesional brinda conocimiento sobre situaciones recurrentes a partir de los errores y aciertos acumulados en su haber, pero no garantiza el criterio por sí sola.

El criterio se vale de lo aprendido, pero además permite revisar aquello que se cree saber e integrar otras perspectivas que pueden cambiar o ampliar la comprensión. Esto exige una actitud profesional responsable, basada en la conciencia de los límites del propio conocimiento y en disposición a cambiar de perspectiva cuando las circunstancias lo requieran.

 

El criterio frente a la metodología

 

Un problema de UX puede requerir investigación según el grado de complejidad que presente. El criterio evalúa cuándo es necesario hacerla y que conocimiento es necesario producir para tomar una decisión. Lo mismo ocurre con la metodología, que organiza y estructura el proceso, pero no determina por sí misma qué debe hacerse en cada proyecto.

La ISO 9241-210, por ejemplo, establece principios que orientan la práctica para el diseño centrado en las personas. El aporte de valor de las herramientas y metodologías está sujeto a que realmente constituyan una solución que el problema concreto demanda. Interpretar que propone una secuencia universal de técnicas o una colección obligatoria de entregables, puede producir el efecto paradójico de que se cumplan rigurosamente los procedimientos sin prestar la debida atención al problema que originalmente justificó realizarlos.

Una herramienta puede ser adecuada para un problema y completamente innecesaria para otro. Por eso, aplicar correctamente un método no es necesariamente ejercer un buen criterio profesional. La metodología ayuda, pero es mediante el criterio que se aplica en forma oportuna.

 

El riesgo de que el método se convierta en un fin

 

Resulta ilusorio creer que la calidad profesional se encuentra en la cantidad y sofisticación de los recursos utilizados. No se discute su necesidad, solo se advierte la necesidad de no constituirlos en la medida de la calidad del producto.

Siendo que el objetivo del diseño centrado en las personas consiste en comprender una actividad humana para poder tomar mejores decisiones sobre el sistema de interacción, cuando el método se convierte en un procedimiento burocrático, existe el riesgo de invertir la relación entre medios y fines y que el objetivo se confunda con la metodología de trabajo. Es allí cuando la práctica profesional deja de indagar qué se necesita comprender para tomar una buena decisión y comienza a girar sobre la pregunta acerca de la técnica adecuada para el proyecto. Esta diferencia, aunque parezca menor, cambia la orientación del trabajo.

 

El criterio frente a la inteligencia artificial

 

Con el uso de herramientas de inteligencia artificial muchas de las actividades y procesos hoy pueden ser automatizados o acelerados. Pero un resultado rápido no supone que se haya contado con el conocimiento suficiente para tomar una decisión e incluso puede ocultar la ausencia de comprensión del problema. En ese caso, existe un riesgo de confundir producción con conocimiento.

En este contexto, el criterio profesional adquiere aún mayor relevancia. Dado que la IA puede ampliar considerablemente la capacidad de producción, se debe decidir con criterio cuáles son los resultados producidos que realmente tienen sentido.

 

Conclusión: UX como práctica de decisión

 

El criterio profesional en UX es la capacidad de integrar conocimiento, experiencia y perspectivas disciplinares para comprender situaciones concretas, determinar qué necesitamos conocer, seleccionar y utilizar los recursos metodológicos pertinentes y tomar decisiones fundamentadas.

Las herramientas y metodologías son útiles, pero su valor depende de la decisión que ayudan a producir. y a mayor velocidad para generar resultados, aumenta la importancia de reconocer qué es lo que se sabe, que se supone, qué se necesita conocer y que límites tiene aquello que el sistema puede aportar. De ello dependerá el fundamento de la decisión que se adopte.

Diseñar una experiencia es tomar decisiones sobre sistemas que forman parte de actividades humanas, por tanto, en UX, la incorporación de sistemas inteligentes también vuelve más importante el criterio profesional, que además del saber hacer, aporta el saber qué hacer, por qué hacerlo, cuándo hacerlo y cuándo se encuentra con un límite.